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En este artículo de harinas refinadas te cuento cómo es el proceso de refinado y porqué son un ataque a tu organismo, espero que estos datos te hagan replantearte una dieta que no los incluya.
El resultado no es inocuo.
Cuando ingerimos harina refinada, la supresión de componentes descrita eleva el índice glucídico e incrementa los niveles de glucosa en sangre, obligando al páncreas a realizar un trabajo extra.

Además, la harina refinada y los productos elaborados con ella resultan muy poco saciantes, lo que nos induce a comer una mayor cantidad de alimentos que aportan un alto número de calorías.
Cuando se añaden a la harina otros elementos que aumentan el balance glucémico (como azúcares en productos de bollería industrial, galletas, snacks, pastas y platos precocinados como las pizzas), el efecto se multiplica exponencialmente.
El organismo reacciona ante la invasión rápida de azúcar en la sangre, provocando que el páncreas libere insulina a toda velocidad. También se deja de generar glucagón (hormona que actúa en el metabolismo del glucógeno), encargado de que no se sienta hambre.

Así se produce un pico positivo poco duradero e, inmediatamente, una bajada de energía igualmente veloz, que genera la elevación de los niveles de adrenalina, dopamina y cortisol en la sangre.
Estas hormonas del estrés se activan como respuesta para contrarrestar los efectos secundarios de la pérdida de energía (sudoración, mareos, etc.) y que, en cantidades desequilibradas, producen efectos adversos para la salud.
Muchas patologías que se han incrementado notablemente en los últimos años aparecen favorecidas precisamente por el consumo excesivo de esta clase de alimentos hipercalóricos.
Los expertos señalan que producen un aumento de riesgo de padecer diabetes, sobrepeso, dificultan la digestión, aumentan el riesgo de enfermedades inflamatorias, pueden producir intolerancias y elevan el riesgo de depresión, según los estudios que han realizado.

La clave para localizar las harinas refinadas es analizar cuidadosamente la etiqueta en la que se incluyen los ingredientes. Ahí aparece indicado si un alimento incluye harina de trigo, almidón, féculas, harinas refinadas, etc.
Muchos productos alimenticios de origen industrial poseen almidón, féculas y gelatinas entre sus ingredientes. Estos compuestos se utilizan para darles solidez, estabilidad y homogeneidad a los alimentos elaborados con ellos.
Es importante señalar que podemos evitar estos compuestos si prescindimos de los alimentos procesados y nos apuntamos a una dieta más natural, con más ingredientes frescos y menos productos procesados.
Aunque parece difícil eliminarla por completo de la dieta, existen alternativas saludables para sustituirlas en una amplia variedad de recetas.
Carmen Reija
Farmacéutica,
Óptica y Tecnóloga de alimentos.
consejosdesaludintegral.com
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