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Reconocer y gestionar las emociones es fundamental, pues su función es aportarnos conciencia y claridad sobre lo que nos sucede en la vida y con las relaciones.
Si soy capaz de ver cuáles son mis emociones, también puedo estar atenta a las emociones de los demás, puedo entender todo, al otro y a mí mismo.
Las emociones están en nuestro día a día, podemos darles el espacio que necesitan o no, podemos atenderlas o evitarlas y nos gusten o no todas ellas suman, nos aportan cosas y queramos o no forman parte de nuestro equipaje.
Su función es aportarnos conciencia y claridad sobre lo que nos sucede en la vida y en las relaciones.
Para gestionar lo que siento, el primer paso es darme cuenta de qué es lo que estoy sintiendo, reconocer la emoción. El cuerpo nos ayuda, nos da pautas para identificarlo.
El enfado me calienta – El miedo me congela – La tristeza me encoje y me pesa – La alegría me aligera.

Estas manifestaciones nos informan de que algo o alguien (un estímulo) tiene un efecto en mí. El reconocer la emoción en mi cuerpo me facilita distinguir que es lo que detona dicha emoción.
Cuando no somos capaces de reconocer las emociones, tal vez sea una resistencia debida al miedo a sentir los efectos en sus manifestaciones más extremas, como puede ser la depresión en el caso de la tristeza, la ira en el caso del enfado, la euforia en el de la alegría, el pánico en el del miedo o la indiferencia en el caso de la serenidad.
Si puedo reconocer las emociones me daré cuenta de que puedo sentirlo sin caer en un pozo, o quedarme paralizado, o romper algo… Reconocer mi emoción me permite familiarizarme con ella y empezar a relacionarme con mi cuerpo y con mis fantasmas para que dejen de serlo.

Si estoy enfadado lo que pasa es que estoy enfadado, ni más ni menos, igual que si estoy contento estoy contento y listo, acepto lo que estoy sintiendo en este momento sin pretender modificarlo, me doy espacio a mí y a mi emoción.
Cuando hay esta aceptación dejo de juzgarme y de castigarme, me acompaño como si de un amigo se tratara. Es un acto de autoestima y valoración de lo que siento y de lo que soy. Puedo sentirme igual de digno ya esté en la tristeza, en el miedo, en la alegría, el enfado o la serenidad.
Cuando acepto mi emoción ésta puede transformarse, si se trata de una tristeza profunda puede suavizarse o pasar de un enfado a la serenidad.
A veces en lugar de vivir mis emociones las guardo en un cajón tal como vinieron. Lo que hemos aprendido en nuestra familia puede influenciar mucho sobre el espacio que damos o no a ciertas emociones.
Aprendimos a darles espacio o a bloquearlas de diferentes maneras. Por ejemplo, si en mi familia el enfado fue bien visto o considerado, me daré espacio a esta emoción en cambio sí era casi pecado sentir miedo lo viviré con mucha angustia, o si la alegría era vista como una tontería propia de incultos esto me dificultara dejármela sentir.
Es sanador darme cuenta con que emociones no me llevo bien o no les doy espacio o las vivo desde la pelea, para empezar a aprender a sentirlas sin pelearme con ellas aceptando lo que me pasa en ese momento.
Apunta en un papel que dos emociones eran bien vistas o consideradas en tu familia y dos emociones que eran penalizadas. Teniendo en cuenta las 4 emociones básicas, la alegría, la tristeza, el enfado, el miedo, la ternura, la curiosidad…
Una vez reconocida y aceptada…el estímuloAhora ya tienes pistas para saber que estimulo detona tu emoción. Por ejemplo, la no llamada de un amigo al cual siempre debes llamar tú para tomar algo, ¿Que emoción te produce? Te entristece y te enfada. ¿Cómo lo sientes en tu cuerpo y tu mente? Te cansa y te machacas porque tendrías que ser más tolerante…
Desde este punto ya puedes tomar conciencia de lo que necesitas, en el caso del ejemplo: hablar con él y manifestarle que te gustaría que él también te llamara.
El proceso de auto-escucha y auto-conocimiento facilita reconocer y aceptar mis emociones y me posibilita ser consciente y utilizar esta información para gestionar mi vida y mi sentir de una forma sana.
Ser consciente de mi enfado no me obliga a expresarlo. Se trata de saber que tomar conciencia de él me permite conocerme más, me permite poder sentir lo que vivo sin miedos o auto-castigos.
Se trata de ejercitarme en sentir lo que vivo y ampliar mis recursos de gestión, de este modo por ejemplo, puedo gestionar un encuentro con mi jefe para manifestarle mi enfado o decidir que para mí es más sano retirarme.
La emoción se da en un contexto que es también importante, la gestión tiene en cuenta lo emocional, lo contextual y lo social. Gestionar las emociones es un proceso de aprendizaje, se trata de ser coherentes con nuestras emociones para ser más coherentes con nosotros mismos.
Practicando un pocoEscribe una situación de tu vida cotidiana con esta secuencia:
Por ejemplo:
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